Aunque a mi me bajó la regla bastante tarde, me pillo desprevenida sin ni imaginarme remotamente que aquello podía doler. Total, en los libros de naturales hablaban de todo el proceso, y lo nombraban muy lindamente, y contaban los días exactos, pero ni una palabra de que se te hincha la tripa y te duelen los ovarios como si una tijera pretendiera hacerte cosquillas.
Así que yo me fui al instituto como si nada, y me pasé hasta el recreo en mi silla, dolorida y según me decían, blanca como la tiza.
Lo cierto es que no solo los libros, mi madre tampoco me había dicho jamás me dijo que le doliese, y a mi nunca se me había ocurrido que aquello que me retorcía las tripas pudiera ser habitual... así que en el recreo me dispuse, sin demasiado conocimiento, a desmayarme parcialmente.
Mis amigas se revolucionaron, la profesora de gimnasia me dio una pastilla, el conserje me tomaba el pulso, y yo lo único que quería era tumbarme.
Uf, catorce años y se ha enterado todo el instituto de que me ha bajado la regla...
Por fin a alguien se le ocurrió que podían llamar a casa, y al poco apareció mi madre.
Entró como un vendaval por el pasillo, con una capa roja y larga que se había echo ella misma, y unas enormes gafas de sol.
Yo no quise adivinar por qué las llevaba las manditas gafas de hormiga atómica, y me dio un rebufo de vergüenza adolescente. Entorno nuevo, mis compañeros, mis profesores, yo muerta de vergüenza (y de dolores)y aparecía ella como una ridícula estrella de cine, con las gafas y la capa.
Hasta que ella, se quitó las gafas para hablar con la profesora, y dejó al descubierto son ojos (
que suelen cambiar con la luz del día) enrojecidos después de haber llorado.
Rojos de llorar y de discutir en casa con mi padre.
En ese momento en que vi lo que ya sabía, me importaba un comino el mundo, y si alguien decía algo de mi madre le partía la cara y punto.
En ese momento a la valiente de Diana le dio otro pinchazo y se encogió.
Ella se acercó, y me puso una mano fresca en la frente.
-¿cómo estás Diana?
- Bien (
ahora ya no tengo que pensar yo)
- ¿Nos vamos a casa? (
ahora ya no tengo ni que hablar)
- Mm...
(no me quiero levantar, porque me duele)
- ¿Ahora o esperamos un poquito a que estés mejor?
( Ya está)(Me va a llevar a casa)(Se me va a pasar esto)
Más tarde, acurrucada en el sofá, tapada con una mantita y rescatada, pensé una cosa tonta, tal vez por efecto de la pastilla que por fin me había quitado el dolor y me sumía en un semisueño.
Pensé, que tontería, en
quien estaba ahí para rescatar a esa que me salvaba a mi
.Y también me preguntaba que clase de pastillas quitan el escozor de los ojos cuando lloran.